El título suena un poco a argumento de culebrón, lo sé. El tema tampoco es más alegre, pero esta semana ha sucedido algo que ha colmado mi particular vaso. No es costumbre que haga esto, así que aviso por si quieres dejar de leer: con este post no pretendo reflexionar sobre marketing y redes sociales sino PROTESTAR por la falta de profesionalidad de gente que se dedica a lo mismo que yo.

Hace cuestión de 3 semanas celebraba internamente haber firmado un acuerdo de colaboración con un cliente nuevo, un local de hostelería de Valladolid que podría dar mucho juego en redes sociales por su amplia carta y divertido local. Estaba feliz. Sólo había dos “peros”: ya tenía web, hecha por una empresa que no le facilitaba las contraseñas para que yo pudiera actualizarla y crear un blog, y ya tenía página de Facebook (creada, sin publicar ni un post) y cuenta en TripAdvisor (con los datos básicos pero gestionada únicamente por el dueño del establecimiento) puestas en marcha por otra empresa que tampoco “suelta” los accesos amparados en que el contrato aún está vigente (aunque no han hecho NADA de su trabajo).

El bueno del cliente está dispuesto a cumplir el contrato firmado conmigo y pagarme unos meses el importe acordado hasta que los PIRATAS que se lo “gestionan” ahora tengan a bien darle sus contraseñas, a lo que yo, claro, me he negado. Espero unos meses más y estoy segura de que cuando llegue el momento nos irá mejor que bien y mi conciencia me dejará seguir durmiendo cada noche.

Lo malo es que esta no es la primera vez que me veo en una de estas. No voy a dar pistas para no revelar detalles inconvenientes de las empresas con las que trabajo pero algunas querrían que les gestionase blogs a los que no tengo acceso porque a los creadores de las webs no les da la gana, otros quieren que directamente me encargue yo de actualizar su tienda online y tienen el mismo problema de los accesos, otros han tenido páginas duplicadas en Google+ (con penalizaciones y bloqueos incluidos…).

¿Por qué hacemos las cosas tan mal? ¿Por qué no celebramos que una empresa quiera trabajar con nosotros y aceptamos su decisión si llega el momento en que deciden sustituirnos por otros? ¿Por qué estamos permitiendo ensuciar esta profesión con malas prácticas que, a la larga, nos perjudican a todos por igual?

Entiendo el miedo que me transmiten algunas personas cuando nos conocemos y me explican que conocen a alguien a quien le timaron con una web, a alguien a quien el que le llevaba las redes desapareció sin dar explicación, etc. Y yo sólo puedo sonreír y prometer que yo no soy así, mientras espero que sean lo suficientemente valientes para confiar en mí.